martes, 14 de noviembre de 2017

MASCULINIDADES, ¿ESO CON QUÉ SE COME?

Masculinidades: la masculinidad y la construcción misógina de la realidad

El pasado 13 de Noviembre, en el Auditorio 1 del CUValles se presentó la conferencia "Masculinidades", en el marco de la 8a. Feria Académica y Cultural CUValles, impartida por el Dr. en Psicología Social Héctor Eduardo Robledo Mejía.

Antes de comenzar, me gustaría explicar, según entendí, lo que se refiere al concepto de masculinidades. Pues bien, este concepto pretende rectificar las creencias falsas alrededor de la masculinidad, entendida como aquellas cualidades, expectativas, valores y normas impuestas a los varones desde el momento del nacimiento. El objetivo de presentar una nueva visión de las masculinidades, y entendiendo que hay tantas masculinidades como hombres en el planeta, es poder crear consciencia y poder crear programas para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.

¿Sabías que 2,500 mujeres son asesinadas al año en nuestro país? Esta cifra fue importante para la conferencia, ya que se pude considerar que como no hay víctimas, entonces no hay problemas. Esta cifra para mí resultó cruda, pertinente y reveladora. Algo hemos estado haciendo mal para que 2,500 mujeres hayan padecido "gracias" a su condición de ser mujer.

Estas 2,500 mujeres muertas a causa de su sexo/género, han sido el reflejo de las introyecciones de la idea de hombre en la sociedad. Ideas o percepciones que recaen en los varones (y mujeres, porque también a ellas les afecta estas ideas) como un lastre y un peso innecesarios que se concretan en el abuso y uso de la violencia en contra de ellas, y que van a parar en asesinatos. Pero, lo más alarmante aún (y lo más tenebroso) es quizá que solamente han sido 2,500 casos de muchísimos otros que pudieran suceder o que han ocurrido, pero que no han sido valorados como crímenes contra la mujer sino simples muertes.

Seguido de eso, se habló de los valores del macho. Estos valores, por llamarlos así, no son sino constructos mal entendidos y lamentablemente aplicados dentro de la masculinidad. Los valores de acumulación, dominación y competencia han sido una constante dentro de la conducta del hombre en esta y muchas otras culturas y sociedades. Se me viene a la mente algunas creencias judías que pueden ser equiparables a estos valores y que, si se percatan de ello, pueden encontrar estas similitudes. Para la tradición judía, la tierra y la riqueza son bendiciones de Dios, por tanto, la primera similitud es la acumulación; la progenie para los judíos es sinónimo de presencia en el mundo, donde el apellido se disperse e imponga, y una segunda similitud es con la dominación; por último, los judíos veían a Dios, antes de la llegada de Cristo, como una figura de guerra que les aseguraba la victoria, y con esto la tercera similitud, la competencia. Dichos estas tres similitudes, quiero aclarar que mi intención no es atacar a un sistema religioso que ha estado presente a lo largo de siglos o milenios, sino de algunos comportamientos o ideas que han sido mal entendidos, impuestos, tolerados y promovidos resguardándose en una figura divina.

Estos tres "valores" de la masculinidad (machista), no son sino un intento de desprestigiar, anular y desaparecer las creencias y pensamientos de las mujeres, como un desprecio sistemático al que podemos llamar misoginia. Contrario a lo que pueden muchos pensar, que la misoginia es un odio hacia la mujer sin razón aparente, realmente contiene razones muy poderosas para querer que la mujer se quede en la posición que está. ¿Ego, Economía, Política, Religión, Sociedad, Familia, Sexualidad, Salud? Se me ocurren estos temas de cómo la misoginia se  ha ido inmiscuyendo en estas áreas de la vida de la mujer.

¿Hay una necesidad de cambiar de paradigmas?

Es sumamente necesario que esto pase, que nos cambiemos el "chip" como sociedad y darle el valor que la mujer posee dentro de nuestros hogares, nuestras escuelas, nuestras empresas, nuestras iglesias, nuestros grupos, nuestros equipos de trabajo... en fin, es necesario que el hombre sea capaz (y más, y más, y más capaz) de comprender y reconocer que la mujer es una pieza clave, no una del montón, para un buen funcionamiento dentro del tejido social. Pensar en ellas como partícipes y actrices de cambios importantes, incluirlas en los congresos, en las teorías, en las clases, en la toma de decisiones, en la política, etc., pero no solo porque se piense que es políticamente correcto sino porque es sumamente necesario hacerlo. Es tiempo de dignificar a la mujer, mejor dicho, de devolverle la dignidad que le ha sido hurtada desde tiempos inmemorables, que recuperen ellas la confianza en ellas mismas, la seguridad de que no son el sexo débil, la libertad de salir a la calle sin ser juzgadas o acosadas, la libertad de que sean librepensadoras, propositivas, proactivas. Los hombres debemos integrarnos a sus planes, comprender sus pensamientos, sus motivaciones, sus compromisos, sus ideales, ser capaces de trabajar junto con ellas, en equipo, de manera equitativa, donde ambos estén a la par, y no el hombre por encima de la mujer.

No solo es pensar "es que tienes una mamá, o una hermana, o una hija", es aprender a respetarlas por el hecho de ser mujeres, de valorarlas, de empoderarlas, de alentarlas. Cuando los hombres les devolvamos aquellas cosas que se les ha sido arrebatadas, entonces podremos hablar de una sociedad justa, donde "llorar como niña" no sea motivo de burla, donde "ser afeminado" no sea mal visto porque "ser vieja" es visto como fragilidad, donde las palabras discriminatorias y ofensivas sean borradas de nuestro lenguaje, y en vez de hablar de mujeres reprimidas o "putas", hablemos de mujeres que viven su sexualidad como ellas quieren, etcétera.

En conclusión, sí es necesario cambiar de paradigma. Por el bien de ellas como mujeres, por el bien de nosotros como varones, por el bien de todos por el simple hecho de ser seres humanos.

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